El pozo de la vida y otros cuentos tragicos

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Acaso lo que le valió a Osmán enemigos fuese el presentimiento de su altura… Y no falta quien insinúe que anduvo de por medio el rostro de una mujer. Ello es que se convino en tender a Osmán una celada, convidándole a las bodas del principal conspirador, Kalil, con la hermosísima Nilufer, celebrada y cantada por los poetas. Envanecida de su hermosura, Nilufer no quería cubrir su faz con el velo que empezaba a ser ritual en las mujeres de los buenos musulmanes; y así, las maravillas de su rostro eran conocidas y comentadas, y se hacían apuestas sobre si vencían sus labios a las flores de los granados, y si sus ojos rasgados y ovales brillaban tanto o más que la luna, alumbrando aquella tan bermeja boca, donde los dientes rebrillaban como las perlas que entretejían sus trenzas pesadas, luengas hasta besar el tacón de sus curvas babuchas. Kalil, el mayor enemigo de Osmán, joven, apuesto, señor de un principado y un castillo, había logrado cautivar a la presumida Nilufer, y pensaba reunir en un mismo día dos emociones: la posesión de la mujer amada y la muerte del enemigo, acaso del rival, que esto no lo aclaran las historias. Convidó, pues, a Osmán, y este prometió asistir, y hasta dirigió a Kalil un ruego, que denotaba la confianza más absoluta: que le permitiese transportar a su castillo el harén y los tesoros, a fin de prevenir alguna sorpresa de los griegos durante su ausencia. Y Kalil se avino con júbilo, felicitándose de la imprevisión de Osmancillo, que así le entregaba, con su persona, lo más preciado: sus odaliscas, sus riquezas.


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