El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos El dÃa fatal ascenderÃan a divinidades. Ichel se revestirÃa con los atavÃos de la diosa del agua; Tayasal, con los del dios. No cabÃa nada más honorÃfico para esclavos que respetaban a las deidades, aun cuando no fuesen las que desde niños adoraban con temblor fanático. Frecuentemente hablaban de cómo pasarÃan la fiesta, mil veces oÃda describir. No se trataba de una solemnidad guerrera, sino agrÃcola. Las aguas estarÃan entradas ya; las sementeras, crecidas y con mazorcas. Los sacerdotes, a la aurora, irÃan a quebrar cañas de maÃz y clavarlas en las encrucijadas; las mujeres acudirÃan con ofrendas. Por la mañana también, una niña, vestida de azul, serÃa llevada, entre cánticos y música, al centro del lago, en ligera canoa, y allÃ, con fisga de descabezar patos, la degollarÃan, arrojando a las ondas rosadas por su sangre el corpezuelo y la destroncada cabeza. En cada vivienda, los instrumentos de labranza, en trofeo, se verÃan engalanados con ramaje y adornados. En rÃos y fuentes se bañarÃa la mocedad; en las plazas danzarÃan los señores, llevando en la diestra una caña, en la siniestra una cazuela de frÃjoles y maÃz cocido; la plebe, de puerta en puerta, mendigarÃa el mismo plato, la abundancia que el agua produce y asegura… Y mientras tanto, los dos esclavos, Ichel y Tayasal, diademados de oro y perlas, encollarados de oro con pinjantes de esmeraldas, vestidos de túnicas y mantos delicadÃsimos de plumas que reverberan como esmalte, perfumados, embriagados por continuas libaciones de zumo de maguey, danzarÃan entre las aclamaciones delirantes de la multitud, sin notar que el sol caÃa y que la terrible luna, sedienta de sangre y dolor humano, iba señalando con su majestuoso curso el instante del suplicio. Hasta el género de muerte les era notorio: vÃctimas civiles, de paz, no les abrirÃan el pecho con la rajante hoja de obsidiana, para sacarles chorreando y palpitando el corazón; se limitarÃan a reclinarlos en un hoyo y cubrirlos de tierra —la bendecida tierra que produce el maÃz y que el agua fecunda. No pasarÃa más…, y habrÃan sido dioses, tan dioses como los Ãdolos que en el escondido santuario oÃan preces y recibÃan humo de gomas exquisitas…