El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Comprendà que ignoraba el mal horrible que pueden transmitir esas mosquitas preciosas, de esmeralda, que se han posado en despojos de animales carbunclosos… ¡El carbunclo! —repetÃa dentro de mÃ, temblando de horror y de lástima…— ¡El carbunclo! ¡La pústula maligna!
Abreviaré el relato de aquella tragedia… Cuando desnudamos en la rebotica a Torcuato, para operar, ya no era la mano, era el brazo lo que se inflaba rápidamente. No cabÃa duda, el brazo debÃa cortarse. Única esperanza. Pero ¿cómo? ¿Sin cloroformo, casi sin instrumentos? Mientras venÃan de mi casa los chismes, sudando frÃo y con una angustia compasiva que me partÃa el alma, me fue preciso notificarle al enfermo la verdad. ¡Qué ojos me echó! ¡Qué mundo de horror, de protesta y de dolor en aquellos ojos!
—¡El brazo derecho! ¿Y mi madre? ¿Y cuando lo sepa? —balbuceó, lÃvido.
—Aquà de la voluntad… —pronuncié, creo que más horrorizado que la vÃctima—. ¡Es necesario! No hay remedio.