El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos La noche memorable —de esas largas, del principio del invierno— le esperaba yo, porque me habÃa anunciado su venida, después de una ausencia de casi un mes. Acababa de realizar una compraventa importante, y escribÃa muy alegre, porque traerÃa consigo una bonita cantidad de oro, destinada a otras compras ajustadas ya. Yo ansiaba verle: nunca fue tan larga nuestra separación; una inquietud, una desazón inexplicable me agitaban; no sé las vueltas que di por el jardÃn, el patio y la casa, a la luz de la luna. Al fin, me rindió el cansancio y me acosté; era por filo medianoche, y la luna iba declinando. En su carta, mi Roberto advertÃa que si no le era posible llegar antes vendrÃa seguramente de madrugada, y que no nos tomásemos el trabajo de estar en vela ni yo ni los dos criados que tenÃamos.
Empezaba a conciliar el sueño, cuando me despertaron las caricias de mi esposo…
—¿Cómo habÃa entrado? —pregunté vivamente, pues empezaba a adivinar.