El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —TenÃa llave de la verja del jardÃn y de la puerta: nunca necesitaba llamar —declaró la señora—. A la mañana siguiente, después de un sueño de plomo, abrà los ojos, y noté con extrañeza que no se encontraba a mi lado Roberto. Me levanté aprisa, deseosa de servirle el desayuno: le llamé; llamé a los criados: nadie le habÃa visto; ni estaba en la casa ni en el jardÃn. En las dos puertas, ambas abiertas, hallábanse puestas las llaves. Entonces, mi desazón de la vÃspera se convirtió en una especie de vértigo: el corazón se me salÃa del pecho; despaché a los sirvientes en busca de su amo, y cuando se disponÃan a obedecerme, he aquà que se me llena la casa de gente de las cercanÃas, que traÃa la noticia fatal. A poca distancia… en la cuneta del camino… con varias puñaladas en el vientre y pecho…
Aquà la señora sufrió la aflicción natural; la acudà con éter, que tengo siempre a mano, y cuando se sosegó un poco, no fue ella quien siguió relatando; fui yo quien inquirÃ, con jadeante curiosidad:
—¿Le matarÃan por robarle?
—No tal. ¡El cinto con el oro… apareció sobre una silla, en mi cuarto!
—Calma, señora —murmuré—; no nos atropellemos. ¿No pudo el asesino quitarle las llaves y aprovecharlas para entrar furtivamente en la casa y en el dormitorio?… ¿Usted le vio la cara a su marido?