El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Cierto dÃa de otoño presentóse en el pazo el señorito sin previo anuncio, y llamando a Santiago, encerráronse los dos en la habitación más retirada. Siempre la llegada de Raimundo era la señal de convocar apresuradamente a los pocos servidores útiles que existÃan en la villita más inmediata a Quindoiro; pero esta vez Santiago sólo avisó a una cocinera y se reservó la tarea de servir al señorito sin ajena ayuda. Al anochecer de aquel dÃa salieron juntos del pazo Santiago y Raimundo, y pasaron el Miño en una barca que ellos mismos tripulaban. Bien entrada ya la noche regresaron al pazo, introduciéndose en él por una puertecilla del corral que daba a un cobertizo, del cual se pasaba a la granera y a las habitaciones altas que servÃan de dormitorios. Nadie los habÃa visto salir; nadie los vio volver, ni pudo observar que traÃan consigo a una dama, de airosa silueta y sombrerito con velo blanco. La dama se apoyaba en el brazo de Raimundo, y sofocaba una risilla nerviosa a cada sitio estrecho y oscuro por donde tenÃan que pasar. Asà que los dejó en salvo, y Santiago se retiró.
A la mañana siguiente, cuando rondaba el aposento en el que se habÃan recluido los amantes, esperando aviso para traer el desayuno, sintió de pronto que le ponÃan en el hombro una mano; vio frente a sà la faz demudada por el terror, y oyó la voz de Raimundo, ronca, sorda, desconocida, que pronunciaba una sola palabra:
—Ven.