El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Obedeció el Mudo: penetró en el dormitorio, y tendida sobre la inmensa cama, de dorado copete y salomónicas columnas, vio a una mujer de faz amoratada, con el seno descubierto, los ojos casi fuera de las órbitas y la lengua entre los dientes. Se lanzó Santiago a socorrerla, pero la rigidez de la muerte endurecía ya sus miembros. Arrodillado al pie de la cama, Raimundo aterrado y suplicante, tendía a Santiago sus brazos, exclamando con desesperación:
—¡Y ahora! ¡Y ahora!
—A la noche —respondió lacónicamente el mozo—. Yo respondo. Esperad. No asustarse.