El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Púsose en movimiento la Guardia Civil, y a pesar de oponerse formalmente el sargento, la precedieron bastantes mozos, de los más resueltos y fornidos, que así andan diez leguas a pie como trincan a un criminal, aunque tenga las fuerzas del hércules de la compañía, el titiritero que levantaba en vilo, jugando, una pesa de hierro mayor que el bolo en que remata el campanario de la Mimbralera. «¡A descubrir a los ladrones, contra!».
Sin embargo, el veterano sargento de la guardia, mordiéndose de soslayo el mostacho rudo, parecía rumiar no sé qué recelos, no sé qué sospechas misteriosas. Su mirada astuta, penetrante como un punzón, escrutaba el grupo que marchaba a vanguardia, capitaneado por Ricardo, el Estudiante, que blandía una vara recia, profiriendo imprecaciones contra los sacrílegos.