El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos CallĂ© unos instantes. El celaje de la tarde se encendĂa con sangrientas franjas de fuego, incesantemente contraĂdas, dilatadas, inflamadas o extinguidas, sin que ni un momento permaneciese fija su terrible forma. PensĂ© en que la sospecha, la verdad, la culpa, el destino se disuelven e integran, como las nubes, en la cambiante fantasĂa y en la versátil conciencia. PensĂ© que si nada es inverosĂmil en la forma de las nubes, nada tampoco debe parecĂ©rnoslo en lo humano. Lo Ăşnico increĂble serĂa que un hombre fuese asesinado en su lecho y el crimen no tuviese ni autor ni mĂłvil.
—Registrador —dije al cabo—, todos mueren de lo que han vivido. El muchacho estudiaba sin cesar: en sus estudios está la razón de su muerte violenta. No diga usted que no sabe por qué le mataron: lo sabe usted, pero no se ha dado cuenta de lo que sabe.
—Mucho decir es… —murmuró—. Sin embargo…
—Lo sabe usted. En cuanto me conteste a otras pocas preguntas se convencerá de que lo sabĂa perfectamente: lo sabĂa la parte mejor de su ser de usted: su instinto.
—¡Qué raro será eso! Pero, en fin… pregunte, pregunte lo que quiera.
—¿A qué clase de estudios se dedicaba Clemente?