Ifigenia
Ifigenia Abuelita y tÃa Clara, quienes en realidad, como bien dice tÃo Pancho, tienen una marcada preferencia por mà sobre todos mis primos, se indignan contra estos sentimientos de MarÃa Antonia, y se encargan de defenderme muy acaloradamente cuando ella directa o indirectamente me ataca, cosa esta, que al ocurrir de continuo, les da mucho trabajo, y les hace pasar la vida en eterna polémica. A mà en el fondo, la creciente antipatÃa de MarÃa Antonia, lejos de desagradarme, me halaga, porque filosóficamente atiendo a su origen. Además, me sirve de diversión, puesto que he encontrado ya mi desquite o modo de vengarme. Este consiste en extender cada dÃa más el predominio que ejerzo sobre sus hijos, especialmente sobre Pedro José, el menor de todos, que tiene unos trece años. Los cuatro en general dominados sin duda por su madre, me eran hostiles al principio, pero con el trato, sus sentimientos han cambiado de rumbo. Comenzamos siendo amigos, y ahora, ellos, han decidido erigirme en modelo y me copian en todo. MarÃa Antonia se exaspera contra este servilismo de sus hijos, pero a pesar de su indignación, mis leyes y mi influencia reinan sobre ellos con todo el despotismo y la preponderancia de nuestra emperatriz la moda. Mis primos hablan como yo, copian mis frases, comparten mis más atrevidas ideas, se han apropiado mis gustos, tararean las canciones que yo tarareo y hasta en la mesa prefieren los mismos platos que yo prefiero…