Ifigenia
Ifigenia —Y entonces —pregunté yo emocionada con ganas de romper a llorar— ¿para los bailes y el teatro usaré también vestidos altos?…
—¡No pienses tanto en los bailes! —contestó él muy molesto. Y apoyando la reflexiva cabeza sobre los nudillos de la mano izquierda, en cuya extremidad fulguraba el solitario con más claridad que nunca, añadió—: ¿Qué papel puede hacer una mujer casada en los bailes?, y sobre todo: ¿qué papel hace el marido que deja bailar en público a su mujer?
De haber sido otra persona quien hablaba, yo habrÃa contestado al punto: «¿Y qué importan los papeles?, ¡pues ni que fuéramos una compañÃa de cómicos, para tanto hablar del “papel†y tanto pensar en “el público!†¡Lo interesante es estar bien y divertirse, qué diablo!».
Pero como se trataba de Leal me guardé muy bien de expresar semejantes pensamientos, y sobre todo, de expresarlos en esta forma irrespetuosa del retruécano o juego de palabras, pues según creo haber dicho ya, no me gusta de ningún modo ni bajo ningún pretexto el contrariar a un novio que tanto me quiere. Entonces, como yo callara, en vista de mi silencio aprobador, él continuó demostrándome su interés de esta manera: