Ifigenia
Ifigenia Sin más rodeos y sin reticencias de ninguna especie, paso a decirlo de una vez con entera franqueza. Si poseo esta verdad y si profeso este axioma de que el amor no existe, es porque mi novio me ha besado a mÃ; y porque yo lo he besado a él, no una vez, lo cual no me servirÃa de base para hacer ningún juicio o experiencia, sino que me ha besado unas… dos veces… pero no… no… la verdad, digamos la verdad, yo creo que han sido… tres veces… sÃ… ¡eso es!… un trÃo o un trÃptico de besos, lo cual en cuanto a experiencia constituye una cantidad muy respetable para poder sentar un juicio y formular un voto sobre cualquier asunto.
¡Ah! y pensar que los poetas han escrito versos y más versos elogiando las dulzuras del beso! Pensar que Bécquer por ejemplo, ha dicho, con aquella deliciosa y turbadora emoción en la cual tuve la ingenuidad de creer:
… «Por un beso, ¡yo no sé qué te diera por un beso!».
Y pensar que también Rostand escribió maravillas sobre el particular en aquella conmovedora escena del balcón ocurrida entre Roxana, Cristián, y el pobre Cyrano, quien en mi opinión, fue el más afortunado de los tres, puesto que no habiendo subido a recibir el beso de Roxana, conservó hasta el fin sus ilusiones y no tuvo ocasión de experimentar esta horrible decepción que experimento yo hoy.