Ifigenia
Ifigenia Pero a pesar de lo que dice tÃa Clara y de lo que dice Gregoria con palabras y con carcajadas, yo no quiero ponerme mi trousseau, y prefiero que se lo ponga la cama. SÃ. Recuerdo que el mismo dÃa en que llegó, al no más sacarlo de los cartones, decidà probármelo todo. Loca de curiosidad me encerré con él en mi cuarto, y temblando de alegrÃa, empecé a ponerme una después de otra, las perfumadas piezas de crespón de la China. Pero cuando más alegre me sentÃa mirándome por todas partes en el espacio, hecha «un botón de rosa» como dice tÃa Clara, de repente, sin saber bien la causa, me pareció que aquella tela de las camisas era demasiado transparente, pensé que Abuelita habÃa dicho ya muchas veces: «esa ropa de seda, ni es decente ni es práctica»… y yo, que no me asusto nunca del desnudo, bajo la figura del crespón, me miré de pronto desnuda, y sentÃ… no sé lo que sentÃ… pero me quité la ropa calada, me puse mi ropa de todos los dÃas, y al trousseau lo extendà más bien encima de la cama.