Ifigenia
Ifigenia Pero ahora que lo pienso mejor… el no seguir en la prueba, fue debido también, a que además de acordarme de lo que dice Abuelita, me acordé de lo que dice tÃo Pancho. Mientras me ataba la cinta de una combinación, me miré en el espejo, pero asÃ… fijo, muy fijo… y de repente, me pareció que me ensanchaba de espalda, y luego que me ensanchaba de pecho, y luego que mi cabeza crecÃa hasta ponerse cuadrada como la cabeza de MarÃa Antonia, y que por fin, mis manos, mis manos lindas, con sus uñas tan pulidas, sus hoyuelos tan graciosos, y sus dedos tan agudos, y tan finos, se ponÃan gruesas, y en lugar de las uñas pulidas tenÃan unas uñas opacas, y unos dedos hinchados, nudosos y hasta un poco torcidos como los dedos de tÃa Clara… SÃ, sÃ, frente al espejo, vestida apenas con mi camisa imperio de crespón de la China sentà de repente que todas las palabras de tÃo Pancho, me asediaban, me pareció que se movÃan a mi alrededor… sÃ,… ¡me pareció, que tenÃan alas y que volaban junto a mÃ, como una bandada de cuervos!… Por más que no… ¡no!… era más bien, como un enjambre de mariposas negras, eso es… era un enjambre espantoso de mariposas negras, que dentro del espejo volaban y revolaban invisibles y perseverantes alrededor de un pobre botón de rosa…
Y claro, lo que yo digo: ¡que también serÃa por eso, que suspendà de repente la prueba de mi trousseau!…