Ifigenia
Ifigenia Yo me habÃa bajado ya de la mesa en un salto repentino, y furiosa, sin saber de mÃ, dando con los pies en el suelo, me puse a gritar con voz ahogada:
—¡Que te calles…! ¡caramba!… ¡que cuando empiezas a hablar disparates, pierdes la noción de todo, como si estuvieras loca!… La única verdad que has dicho, es que eres muy bruta. ¡SÃ, eres muy bruta, y muy bruta!… ¡Y eres además muy parejera, y muy entrépita, y no entiendes nada, y todo lo tergiversas, y lo arreglas como a ti te da la gana… SÃ… ¡sigue diciendo necedades, y grÃtalas bien para que lleguen a oÃdos de otros, y me amarguen la vida con los celos a cuenta de tus chismes!