Ifigenia

Ifigenia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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Al entrar, frente a la puerta, junto al arroyo de palmas y de helechos, sentada en su sillón de mimbres encontré a Abuelita… Ella, mirándome aparecer inopinadamente tan temprano se sorprendió, y yo, por mi lado, viéndola a ella, me sorprendí también con una sacudida dolorosa. En el cansancio mortal de su fisonomía, en aquel cansancio de muerte por el cual tía Clara había llorado copiosamente dos días antes, me pareció ver reflejada como en un espejo la misma agonía que a mí me mataba el alma. Y fue la propia boca de Abuelita la que expresó mi pensamiento, cuando en medio de su sorpresa, queriendo describirme su impresión, se describió ella misma:

—¡Qué desencajada estás, María Eugenia, hija mía, qué desencajada estás! ¡No pareces ni tu sombra, pobrecita, cómo te habrás desvelado y cuánto habrás sufrido para quebrantarte así… Pero ahora, que ya se acabó todo, vete a descansar, mi hija, vete, vete, a descansar tranquila…







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