Ifigenia

Ifigenia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y mientras así decía, Abuelita me abrazaba llorando dulcemente por la muerte de tío Pancho. Yo también la abracé en silencio, pero sin derramar una lágrima. Luego, siguiendo su consejo, automáticamente me vine aquí a mi cuarto; automáticamente, también, abrí esa puerta, y cuando abrí esa puerta… ¡ah! cuando abrí esa puerta, todos los objetos familiares aquí presentes, todos, todos estos amigos íntimos que me quieren de veras, al mirarme regresar tan pálida, y tan pobre, levantando los brazos me gritaron a una:

—¡Habiendo tenido el universo entero entre las manos, te nos vienes sin nada, María Eugenia!…

Y yo, horrorizada, por no verles gritar mi enorme crimen de amor, cerré la luz del postigo, cerré los ojos, me acosté en la cama, y lloré de desesperación las lágrimas más amargas y más hondas que en los paroxismos del sacrificio hayan podido llorar nunca ojos humanos.

Y sin dormir, en mi desesperación, llorando y llorando esperé muchas horas.

Primero fue la llegada de tía Clara. Al oír a lo lejos el timbre de su voz que hablaba con Abuelita, corrí donde se hallaba. Ella, mirándome entrar, cortó sus comentarios y me reprochó:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker