Las memorias de Mama Blanca
Las memorias de Mama Blanca La primera, la gran capitana, la madre del trapiche era el agua. Muy arriba, por el canalón, se venía de la acequia y se arrojaba sobre la rueda grande cantando la caída con su nutrido coro de chorros y de gotas. La rueda lenta se iba tras ella por el rosario de sus cangilones, dibujando gajos de vacío sobre un fondo de helechos y de musgo. Con la rueda caminaban las tres masas; en las masas, triturándose y salpicando zumo caminaban las cañas; en las cañas caminaban las manos de los emburradores y las manos de los cargadores de bagazo, que se llevaban la pobre caña muerta en parihuelas de cuero para tenderlas al sol. Bajo el sol, los cadáveres triturados arrastrados por los rastrillos resucitaban y se iban a florecer en montañas; las mullidas montañas de las bagaceras, prometidas esposas del fuego.