Las memorias de Mama Blanca
Las memorias de Mama Blanca La impostura duró algunos días. Después ya no fue menester ni disfraz ni salmuera. El becerro extraño, legitimado por la costumbre, reemplazó al hijo. Daniel tenía razón; los muertos se olvidan. Lo cual no quiere decir que no se lloren sincera y hondamente durante algún tiempo. Como también esto Daniel lo sabía, mientras duró la crisis del dolor agudo, aconsejando y dando consuelo, en tono muy lastimero cantó varias mañanas esta copla llena de filosofía y unción:
No llores más, Nube de Agua,
refrena tanta amargura,
que toda leche hace queso
y toda pena se cura.
Vencida por el consejo y arrullada por el canto, Nube de Agua se iba consolando suavemente, suavemente, mientras nosotras, impacientes, sin lograr explicarnos el papel que podía desempeñar aquel queso, tan extraño al dolor natural, como bandada de moscas, caímos sobre el intruso, atropellando la copla por todo el centro:
—¿Cuál queso, Daniel? ¿Cuál queso?