Las memorias de Mama Blanca
Las memorias de Mama Blanca Un día Violeta y yo jugábamos juntas. Como de costumbre, extendiendo sobre mi docilidad su despotismo, me había llamado ya bocabierta, Negra Nieves y varios epítetos más cuya atenuada mala intención, al no tocar el honor, carecían de importancia. En un momento dado, viendo que yo, por no sé qué circunstancia, no me sometía a su gobierno en forma rápida o absoluta, contempló con insolencia la fresca bandada de papillotes que Mamá acababa de sembrar en mi cabeza y acompañando las palabras con una sonrisa de superioridad me dedicó esta expresión hasta entonces desconocida o inédita:
—¡María moñitos!
Aunque indirecta, esta sí era una ofensa a mi honor. Ante el ultraje, trémula de dignidad y de valor, avancé unos pasos, miré a Violeta de frente y tratando de devolver ofensa por ofensa le dije arrogante y roja:
—¿Yo soy María moñitos, Violeta? ¿Yo soy María moñitos?… Entonces tú serás ¡¡María crespitos!!