Las memorias de Mama Blanca
Las memorias de Mama Blanca Naturalmente que Violeta, lejos de ofenderse, soltó una gran carcajada. TenÃa razón. Como insulto ¿podÃa darse nada más inepto que MarÃa crespitos? ¡Cuando para obtener esos mismos crespitos se necesitaba tanto moñito, tanto cuento y tanto bejuco de cadena! Era como si una persona, obligada a ganar el pan con el sudor de su frente, al pelear con una rica la insultará diciendo: MarÃa milloncitos o MarÃa hacienditas. Mi pobre insulto como insulto no valÃa nada. La heroica expresión con que mi rostro lo habÃa acompañado contribuÃa por contraste a hacerlo más poca cosa y más desgraciado. Violeta lo comprendió asÃ. ¡Pero su agresión era insaciable! Mi derrota no le bastó. En lugar de callarse, volvió a la carga y canturreando:
MarÃa moñitos me convidó
a comer plátanos con arroz.
se atrevió a añadir sin ambages:
—¡Pelo liso!