Las memorias de Mama Blanca

Las memorias de Mama Blanca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Mamá extendió el brazo y como si fuera la estatua viva de la Justicia se quedó señalando un instante la cúspide de un escritorio secrétaire cuya altura con relación a la nuestra venía a ser muy respetable.

Y las tres cosas resultaron a cual más espantosa: la «hora entera», la altura del escritorio y el brazo extendido de Mamá.

Como casi todos los déspotas y matasietes, Violeta en el fondo era una débil que atrincheraba su debilidad muy hábilmente tras una falsa reputación. El tono de Mamá y su brazo extendido eran de una teatralidad para asustar a cualquiera, no lo niego, pero de todos modos, Violeta no estuvo a la altura de su fama ni supo dominar la situación. Mientras Evelyn, bajo las órdenes de Mamá ejecutaba la sentencia, Violeta, espantada e izada por los aires, olvidó toda dignidad, mandó al diablo su célebre rebeldía, comenzó por abrir una boca de desolación que se fue ensanchando, ensanchando, hasta que ya, instalada en la cumbre del mueble, presidiendo el auditorio, augusta de derrota y de infortunio, prorrumpió:

—¡¡¡Aaay!!! ¡Ayayayayay!

Y el cuarto empezó a retumbar ante los gritos de dolor. Era como si la hubieran sentado en unas brasas o como si allá en las alturas una mano invisible le estuviese aplicando algún tormento.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker