Las memorias de Mama Blanca
Las memorias de Mama Blanca —¡Ah, porque ella antes, Mamá, me agarró mis crespos y me sacudió como una diabla asÃ…, asÃ…, asÃ…!
—Pero fue porque ella me habÃa roto uno de los papeles que tú, MamaÃta, me amarraste en mi cabeza con tanto trabajo, y me dijo «MarÃa moñitos», Mamá, y me dijo después «pelo liso».
¡Ah! ¡Santo Dios! ¡Aquà fue donde comenzó el drama! Al oÃr mi última frase, demudada y dolorida, Mamá se volvió hacia Violeta tartamudeando:
—¿Le… le… le dijiste que tenÃa el pelo liso?
Y asumiendo el tono sublime de la tragedia, exclamó:
—¡Ay, Violeta, tú no tienes corazón! ¡Que me duele! ¡Que me aflige!…
Aquà una cosa insólita: Mamá, que en su vida nos habÃa castigado, decidió aumentar la teatralidad del tono, y con la solemnidad del juez que dicta una sentencia terrible, dijo esto:
—Ahora, para que no seas maluca y para que no seas cruel con tu hermanita menor, te voy a castigar, ¿ya lo sabes? Te vas a quedar sentada una hora entera, vista por el reloj: ¡ahà arriba!