Las memorias de Mama Blanca
Las memorias de Mama Blanca Aquello era un golpe teatral enteramente inesperado. Todos los ojos se fijaron en mí con gran sorpresa. La misma Violeta en plenos gritos me dirigió desde sus alturas una mirada estupefacta, velada de lágrimas. Mamá, sorprendidísima también y creo que un tanto conmovida, alzó la cabeza de su trabajo forzado y me preguntó con fingida impaciencia:
—¿Tú también? ¿Se puede saber por qué lloras, tú, Blanca Nieves, necia?
—¡¡Aaaay!! ¡Ayayayayay!