Amadeo I
Amadeo I No cesaba yo de interrogarme así: «¿Estaré un poco demente, o siquier tocado de tenaces manías, la manía de mi proteísmo, que consiste en escribir con distintos criterios y aparente convicción, la manía de mi esencial criterio inmanente, de tendencias atrozmente revolucionarias?». Y otra cosa pregunto a los que me leen y a mí mismo: «¿Todo lo que cuento es real, o los ensueños se me escapan del cerebro a la pluma y de la pluma al papel? ¿Las amorosas conquistas que me sirven de trama para la urdimbre histórica, son verdaderas o imaginarias? ¿Creo en ellas porque las imagino, y las escribo porque las creo?…». Mientras con ayuda de mis indulgentes lectores dilucido estos puntos, seguiré contando… A ver si me acuerdo… Ya, ya he cogido el hilo… Pues Felipa, después de repetida por décima vez la proclamación dogmática de su virtud, me aconsejó que viese a Celestina Tirado, y a sus buenas disposiciones me encomendara.