Amadeo I
Amadeo I Terminada la comida, desfilaron. Yo salí de los últimos, y pude ver a los camareros bebiéndose lo que quedaba en algunas copas. Como esto no me interesaba, corrí tras de las reales personas, y de estancia en estancia llegamos a una que llamaban (después lo supe) Despacho del Rey. La Reina con las Condesas de Almina y de Constantina formó corrillo en el testero principal, junto a la chimenea entonces apagada. Sobre ésta lucía un retrato de María Luisa, por Goya, maravilla de la pintura. Embelesado estuve un rato mirando la figura genuinamente borbónica de aquella Reina frescachona, de boca hundida y ojos de fuego. El pintor, atento a destacar lo más hermoso del modelo, se había esmerado en reproducir su brazo incomparable.