Amadeo I
Amadeo I Fácilmente me comunicó Obdulia sus recelos, y por tranquilidad suya y mía resolví una pronta mudanza. Recogida nuestra ropa, un colchón y otras cosillas, y dejando en la casa los trastos menos necesarios, nos fuimos a mi hospedaje de la calle del Amor de Dios. De sus graves inquietudes descansó Obdulia con la grata compañía de Nicanora y del dulce filósofo don José Ido. Este mostraba paternal solicitud por la espiritual joven que llevé a su casa. Hablaron de literatura y teatros, y Obdulia le recitó con lírica declamación, versos que embelesaron al esmirriado señor… Mi compañera no pisaba la calle por temor a un encuentro desdichado. Echándoselas de médico, Ido la declaró anémica y diagnosticó los baños de mar como infalible tratamiento. ¡Buenos estábamos para viajecitos y expansiones estivales!