Amadeo I
Amadeo I La pantomima de aquella tarde fue lucida, y digámoslo claro, vergonzosa. A lo largo de la Castellana, la ilustre señora y reina doña María Victoria pasó ante la muchedumbre carnavalesca arrostrando, con severo continente, el desaire público con visos de injuria. Nunca la vi tan revestida de alta nobleza y majestad. En su rostro y actitudes no se conoció si había sabido distinguir las verdaderas de las apócrifas damas. Mis amigos y yo nos entretuvimos en actuar como puntuales cronistas de salones, digamos de sociedad, y fuimos enumerando el mujerío manifestante, en sus dos estamentos constitutivos. La fatalidad política había confundido lo más aristocrático con lo más villanesco. Y sobre la bullanga femenil oíamos una estruendosa carcajada de la Moral Pública.