Amadeo I
Amadeo I «Apreciable Mico (apodo familiar inventado por su cariño): Tengo que decirte con sentimiento que ya no puedo casarme contigo, porque he sabido que no eres católico. Mi señora la Marquesa y mi madre, que ha venido ayer, son muy católicas, y las dos me mandan renegar de ti. ¡Ay, Mico mío, qué pena! ¿Pero qué quieres que yo haga? Dejar de ver a Dios por ti y condenarme, no puede ser. Si me muero por esta pena, que me entierren en un cementerio bonito, con muchas flores… y que me dé sombra una palmera de Sión. Yo le pediré a Dios en la otra vida que te arrepientas y en seguida te mueras, para que allá estemos juntos mi Mico y yo.
»Supe que no eres católico porque me contaron que estuviste en la reunión de los federales en el Teatro de la Alhambra, y allí dijeron mil herejías ese Pío Margallo, el Castelar, el don Roque de Barcia, don Marcos de Albaida, y tú te subiste a una silla y soltastes[1] el mayor sacrilegio, diciendo que no estabas seguro de que hay Dios, ni ángeles ni Virgen… que adorabas al Demonio y que te descomías en los santos… ¡Qué cosas, qué pena! No puedo ser más larga. Ya no vuelvas a verme ni a escribirme… De ti se despide hasta la eternidad la que llorando te aborrece y verte no desea. —OBDULIA».