Amadeo I
Amadeo I —Antes me insultó usted a mà llamándome policÃa y ofreciéndome propina… Si usted no fuera tan chiquitÃn le pedirÃa cuenta de sus ridÃculas arrogancias. Conozco su nombre y condición. Por si usted no sabe quién soy y cómo las gasto, ahà le dejo mi tarjeta. Como usted no trae tacones altos, y ha salido en zapatillas, tengo que inclinarme para que la tarjeta pueda llegar a sus manos.
Tomé la tarjeta, y leÃ: Modesto Alberique, representante de la Sociedad Belga Constructora de cierres mecánicos. Esgrima, 3. Y viéndole partir con aire jaquetón, le dije con el pensamiento: «Ya te daré yo a ti cierres mecánicos, farsante». Volvà a mi tienda, y nada dije a Cabeza, que estaba en el principal, en manos de su peinadora. Era tan firme mi resolución de mandarle los padrinos al infatuado virote que me ultrajó groseramente, que no pasó la tarde sin pensar en los amigos que debÃa escoger para función tan delicada. Andando en esto, supe que mi rival era un poco espadachÃn, o que de ello presumÃa. Mejor que mejor. El lance habÃa de ser duro. Mi amor propio no consentÃa otra solución que matar a mi contrario, y quedar yo airoso y arrogante, cantando el quiquiriquà en mi gallinero.