De Oñate a la granja

De Oñate a la granja

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No es preciso que nos lo cuente —indicó Nicomedes—, pues el pobre trae escrita en su cara la sentencia fatal.

—¡Cesante! —exclamó Serrano, lívido, esputando.

—Hoy, señores, hoy —manifestó Milagro lúgubremente—, al llegar a mi oficina… ya me lo anunciaba el corazón… me encontré el jicarazo. Ese perro de Aguirre Solarte declara en este papelejo inmundo que el Estado no necesita de mis servicios… ¿Saben ustedes a quién le dan el triste hueso que yo roía? Pues al niño mayor de Oliván. ¡Válgame Dios, qué familia esa!

—Si apenas le apunta el bozo.

—Pero le apuntan los botones en la frente —dijo Serrano.

—¡Luego se espantarán de que haya revoluciones!

—Y de que arda Madrid.

—Y de que reviente España como un polvorín, harta de estas vergüenzas y de tanta injusticia.

—Pueden creerlo —agregó otro, que no bajaba el embozo de la capa, muerto de frío en pleno Mayo—, la Milicia está que trina.

—La desarmarán, hombre —dijo Iglesias con amargura pesimista—. Si ya hemos visto para lo que sirve la Milicia: para formar en las Minervas y hacer tonterías.

—¡Desarmarla!… ¿A que no se atreven?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker