De Oñate a la granja

De Oñate a la granja

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Como recayese otra vez la conversación en lo de las alhajas de la Corona, tomó la palabra Milagro para expresar una opinión, según dijo, de autoridad irrebatible. La señora era inocente de la sustracción y venta de pedrerías de Palacio, y las acusaciones que en tal sentido se le hacían enteramente gratuitas y mentirosas. ¿Quién probaba esto? Quien tenía medios sobrados de conocimiento para demostrar que el verdadero y único afanador de aquellos tesoros fue el Sr. D. Joaquín Murat, General de mamelucos y después Rey de Nápoles. Y por de pronto no decía más, aunque algo más sabía: la discreción, la confianza que en él habían puesto personas ilustres, le vedaban entrar en pormenores de asunto tan delicado.

«¿Es cierto, Milagrito —le preguntó el que más familiarmente le trataba—, que le estás ayudando a D. Juan y Medio a escribir la defensa de los planes que no realizó?

—Yo no pico tan alto. El Sr. Mendizábal me ha encargado ciertos trabajillos; pero yo no le escribo su Defensa: en todo caso, lo que haré será ponerla en limpio… Y ya que hablamos de D. Juan de Dios, diré a usted que la mayor de las infamias es sostener y propalar, como hacen por ahí más de cuatro deslenguados, que el Sr. ex-Ministro ha movido este zafarrancho de las alhajas palatinas para vengarse de quien tan sin razón le ha despedido del Gobierno…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker