Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Llegué a la calle en momentos muy críticos. Las dos piezas de la calle de San Pedro habían perdido gran parte de su gente y los cadáveres obstruían el suelo. La de la calle de San José había de resistir el fuego de los franceses sin más garantía de superioridad que el heroísmo de don Pedro Velarde y el auxilio de los tiros de fusil. Al dar los primeros pasos encontré uno y me situé junto a la entrada del Parque, desde donde podía hacer fuego hacia la calle Ancha, resguardado por el machón de la puerta. Allí se me presentó una cara conocida, aunque horriblemente desfigurada, en la persona de Pacorro Chinitas, que, incorporándose entre un montón de tierra y el cuerpo de otro infeliz ya moribundo, hablóme así con voz desfallecida:
—Gabriel, yo me acabo; yo no sirvo ya para nada.
—Animo, Chinitas —dije, devolviéndole el fusil que caía de sus manos—, levántate.