Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos —¿Levantarme? Ya no tengo piernas. ¿Traes tú pólvora? Dame acá: yo te cargaré el fusil… Pero me caigo redondo. ¿Ves esta sangre? Pues es toda mía y de este compañero que ahora se va… Ya expiró… Adiós, Madrid, ya me encandilo… Gabriel, apunta a la cabeza. Dios sea conmigo y me perdone. Nos quitan el Parque, pero de cada gota de esta sangre saldrá un hombre con su fusil hoy, mañana y al otro día. Gabriel, no cargues tan fuerte, que revienta. Ponte más adentro. Si no tienes navaja búscala, porque vendrán a la bayoneta. Toma la mía. Allí está, junto a la pierna que perdí… ¡Ay!, ya no veo más que un cielo negro. ¡Qué humo tan negro! Gabriel, cuando esto se acabe me darás un poco de agua… ¡Agua, Señor Dios…, agua!
Cuando me aparté de allí Chinitas ya no existía. El combate llegaba a un extremo de desesperación y la artillería enemiga avanzó hacia nosotros. Animados por Daoiz, los heroicos paisanos pudieron rechazar por última vez la infantería francesa, que en pequeños pelotones se destacaba de la fuerza enemiga.
—¡Ea! —gritó la Primorosa cuando volvió a comenzar el fuego de cañón—. Atrás, que yo gasto malas bromas. Soy la reina, soy la emperadora del Rastro y acostumbro a fumar en este cigarro de bronce porque no las gasto menos. ¿Quieren una chupadita? Pos allá va.