Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Me fusilaron, sí, pero no me mataron. ¿Os asombra esto, pobres niños? Pues no fui yo el único caso de esta supervivencia, resurrección o como queráis llamarlo. Más de una víctima (y víctima fui, aunque me esté mal el decirlo) debió su salvación a la prisa con que fusilaban los franceses en las últimas horas de aquel bárbaro ejercicio, que fueron las de la madrugada. Rendidos de cansancio, nos disparaban sin el esmero que requiere la perfecta matanza; lo echaban a barato; y las correctas ejecuciones de la tarde del 2 fueron chapucerías indecentes en la madrugada del 3. Alabada sea, pues, la torpeza, alabado el mal humor de aquellos pobres soldados, cuya resistencia corporal apuraron cruelmente los empedernidos jefes… En fin, por lo que a mí toca, que Dios les premie su mala puntería…, amén.
Personas caritativas me recogieron. Fui a parar a una casa de las que llaman de tócame, Roque. Reconocieron en mi pobre cuerpo tres balazos: unos, en la cabeza, sin importancia; otro, en el brazo izquierdo, que a poco más me deja manco; el tercero, en un costado, con herida grave, bala que se queda dentro… Un mes pasé en dolorosa incertidumbre, que si vivo, que si muero… Si los franceses quisieron acabar conmigo, Dios lo dispuso de otro modo… Un sapientísimo albéitar me extrajo la bala y me asistió solícito hasta curarme y dejarme como nuevo, en disposición de seguir tirando del carro de la Historia.