Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Pero hacia los días 25 y 26, se esparce por la capital un rumor misterioso que conmueve de alegría a los españoles y de terror a los franceses: corre la voz de que los paisanos andaluces y algunas tropas de línea han derrotado a Dupont, obligándole a capitular. Este rumor crece y se extiende; pero nadie quiere creerlo, los españoles por parecerles demasiado lisonjero y los franceses por considerarlo demasiado terrible. El absurdo se propaga y parece confirmarse; pero la corte de José se ríe y no da crédito a aquel cuento de viejas. Cuando no queda duda de que semejante imposible es un hecho real, la corte, que aún no había instalado sus bártulos, huye despavorida; las tropas de Moncey, que rechazadas de Valencia se habían replegado a La Mancha, se unen a las de Madrid, y todos juntos, soldados, generales y rey intruso, corren precipitadamente hacia el norte, asolando el país por donde pasan.
De mí os diré que tuve que volverme a Madrid, escoltando a unos señores que me pagaron buena soldada con tal objeto, y si ello me alegraba por cambiar de vida y de teatro (que en tiempos de guerra es harto enojosa la quietud), no fue completo mi gozo, porque hube de separarme de mi más que amigo, hermano, Marijuán. De éste no supe nada en algún tiempo: ya os hablaré de nuestro encuentro en el curso de estas historias y de las inauditas proezas que él y yo en distintos lugares de España presenciamos.