Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Luego que esto oyó don Roque, expuso con graciosas elipsis la gran necesidad en que nos encontrábamos, y lo bien que recibiríamos sendas magras y un par de panes cada uno. Frunció el ceño el gran Montoria, mirándonos de un modo severo… Temblamos; creímos que íbamos a ser despedidos por la osadía de pedir de comer. Balbucimos tímidas excusas, y nuestro protector, con rostro encendido, nos habló así:
—¿Con que tienen hambre? ¡Porra, váyanse al demonio con cien mil pares de porras! ¿Y por qué no lo habían dicho? ¿Con que yo soy hombre capaz de consentir que los amigos tengan hambre, porra? Sepan que tener necesidad y no decírmelo en mi cara sin retruécanos es ofender a un hombre como yo. Ea, muchachos, entrad adentro y mandar que frían obra de cuatro libras de lomo, y que estrellen dos docenas de huevos y que maten seis gallinas, y saquen de la cueva siete jarros de vino, que yo también quiero almorzar. Vengan todos los vecinos, los trabajadores y mis hijos, si están por ahí. Y ustedes, señores, prepárense a hacer penitencia conmigo. ¡Nada de melindres, porra! Comerán de lo que hay, sin dengues ni bobadas. Aquí no se usan cumplidos. Usted, señor don Roque, y usted, señor de Araceli, están en su casa hoy y mañana y siempre, ¡porra! Todo lo que tiene José de Montoria es de sus amigos.