Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos En aquel instante nos consideramos perdidos: temblaron los endebles muros y los ladrillos y adobes se desbarataban en mil pedazos. Acudimos a la brecha que se abría y se abría cada vez más. Era locura tratar de tapar aquel hueco formidable; hacerlo a pecho descubierto era ofrecer víctimas sin fin al furioso enemigo. Abalanzáronse muchos con sacos de lana y paletadas de tierra, y más de la mitad quedaron yertos en el sitio. Cesó el fuego de cañón, porque parecía innecesario; hubo un momento de pánico indefinible: se nos caían los fusiles de las manos; nos vimos aniquilados por lluvia de disparos que parecían incendiar el aire, y nos olvidamos del honor, de la muerte gloriosa, de la patria y de la Virgen del Pilar, cuyo nombre decoraba la puerta del baluarte inconquistable. Rebajado de improviso el nivel moral de nuestras almas, todos los que no habíamos caído, deseamos unánimemente la vida, y saltando por encima de los heridos y pisoteando los cadáveres, huimos hacia el puente, abandonando aquel horrible sepulcro antes que se cerrara enterrándonos a todos.
En el puente nos agolpamos con furor y desorden invencibles. Los jefes, azotando de plano nuestras viles espaldas nos gritaban: «¡Atrás, canallas… El Reducto del Pilar no se rinde!… ¡A morir en la brecha!».