Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Mi batallón no tomó parte en las salidas de los días 22 y 24, ni en la defensa del Molino de Aceite, y de las posiciones colocadas a espaldas de San José. En una de éstas, que bien podían llamarse escaramuzas, fue gravemente herido el hijo mayor de Montoria, Manuel. Su esposa y su madre, doña Leocadia, con solícitos cuidados, le sacaron adelante, y en febrero se le vio nuevamente en los lugares y ocasiones de mayor peligro. Por mi parte, tuve algún descanso después de las horribles jornadas del Reducto del Pilar. Durante unos días, mi única tarea fue acompañar a don José Montoria en la requisa que se hizo en toda la ciudad para remediar la escasez de provisiones de boca. La Junta de Abastos previno que sin demora se recogiera lo que los generosos vecinos quisieran dar, obligando a los reacios a vender el género a los precios que tuvo antes del sitio.
Sin dificultad, acopiamos diversos artículos, harina, embutidos, lana, sal, cecina, cebada, vino, etc…, ofrecidos con largueza patriótica por tenderos y comerciantes. Pero resistencia encontramos, y la más tenaz y vil fue la de aquel tío Candiola que antes os di a conocer, el padre de la novia de mi amigo Agustín Montoria. Hombre más sórdido, más cerrado a los requerimientos del patriotismo y la caridad, no he visto en mi vida. Creo que era, en toda Zaragoza, el único que se mostraba insensible al sacrificio heroico de los defensores de la ciudad.