Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos —No, yo soy hombre para todo y Dios me ha dado un alma que no se dobla ni se rompe.
Entre él y yo cargamos el cadáver de Manuel, AgustÃn cogió el del niño, para ponerlos en la entrada del callejón de las Rufas, donde otras muchas familias habÃan depositado sus muertos. Montoria, luego que soltó el cuerpo, exhaló un suspiro, y dejando caer los brazos, como si el esfuerzo hecho hubiera agotado sus fuerzas, dijo:
«Es verdad, ¡porra!: Yo no puedo negar que estoy cansado. Ayer me encontraba joven; hoy me encuentro viejo». Efectivamente: Montoria estaba viejÃsimo, y una noche habÃa condensado en él la vida de diez años.
¡Dios mÃo, cuan difÃcil y penoso fue apartar de aquel sitio a las inconsolables madres! Casi a cuestas hubimos de llevarlas por entre un gentÃo en que se destacaban los grupos de mujeres consternadas y las escenas dolorosas. Don Roque y dos ancianos, amigos de la familia, quedaron custodiando los cuerpos en la calle de las Rufas.