Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Oído este discursillo Siseta, sin decir cosa alguna, entregóse al arreglo de los trastos míseros, y ordenarlo todo y limpiar el polvo. Los chicos me rodearon al punto, corriendo precipitadamente a traer sus cañas, palos y demás aparatos de guerra, viéndome yo obligado, en razón de esta diligencia, a recomendarles gran celo en el servicio de la patria y el Rey, pues bien pronto, si los franceses apretaban el cerco, Gerona necesitaría de todos sus hijos, aun de los más pequeñitos. Por último, después que durante media hora pusieron armas al hombro y, en su lugar, cebaron, cargaron, atacaron e hicieron varias descargas imaginarias, pero que retumbaban en el angosto taller, les vi soltar las armas, decaído el marcial ardor y volver a su hermana con elocuente expresión los ojos: —¿Qué? —pregunté yo, comprendiendo lo que significaba aquel mudo interrogatorio. Siseta, ¿no hay qué comer?
Siseta, disimulando su emoción, registraba los negros andamios de una alacena, en cuyas cavernosas profundidades la infeliz se empeñaba en ver alguna cosa.