Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Fui primero hollado y pisoteado… Después, manos piadosas me apartaron… Las monjitas diéronme de comer y curaron mi lacerado cuerpo, diciéndose unas a otras:
—El pobrecillo no vivirá.
Ignoro dónde estaba, y no me era posible apreciar el tiempo que transcurría. Sólo en una ocasión recuerdo haber abierto los ojos adquiriendo la certidumbre de que me rodeaba obscurísima noche. En el cielo, tristes estrellas fulguraban con blanca luz… Otra vez abrí los ojos, y un accidente harto original me obligó poco después a empeñarme en usar la palabra. Entre la mucha gente que por allí en distintas direcciones discurría vi un muchacho en quien hube de reconocer a Badoret…
Badoret llevaba a cuestas el cuerpo de un niño de pocos años, cuyas piernas y brazos colgaban hacia adelante. Así cargaba comúnmente a su hermano cuando vivía, y así lo llevaba muerto. Hice un esfuerzo y llamé al muchacho. Éste, que se inclinaba a examinar a los que allí en diversos puntos yacían, acercóse a mí y me dijo:
—Andrés, ¿tú también te has muerto?
—¿Por qué llevas a cuestas el cuerpecito de tu hermano?
—¡Ay! Andrés, me mandaron que lo echara al hoyo que hay en la plaza del vino; pero no quiero enterrarlo, y lo llevo conmigo. El pobre ya no llora ni chilla.