Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Yo había visto cosas admirables en soldados españoles y franceses tratándose de atacar; pero no había visto nada comparable a los ingleses tratando de resistir. Yo no había visto que las columnas se dejaran acuchillar. El viejo tronco inerte no recibe con tanta paciencia el golpe de la segur que lo corta, como aquellos hombres la bayoneta que los destrozaba. Había gente para todo: para morir resistiendo y para matar empujando. Por momentos parecía que les rechazábamos definitivamente; pero el bosque, sacando de debajo de su plumaje nuevas empolladuras de gente, nos ponía en desventaja numérica.
La mortandad era grande por un lado y por otro, más por el nuestro, y a tanto llegó, que nos vimos en gran apuro para retirar los muchos muertos y heridos que imposibilitaban los movimientos. El contrapeso sostenido a fuerza de arrojo no podía durar mucho. Que los franceses enviasen gente; que, por el contrario, las enviase Wellington, y la cuestión había de decidirse pronto; que la enviasen los dos al mismo tiempo, y entonces… sólo Dios sabía el resultado.
El brigadier Pack me llamó, diciéndome:
—Corred al Cuartel General y decid al lord lo que pasa.