Fortunata y Jacinta
Fortunata y Jacinta No pudo entretenerse en contar su tesoro, porque entró Doña Lupe, dirigiéndose inmediatamente a la cocina. Maximiliano se paseaba en su cuarto esperando que le llamasen a comer, y hacÃa cálculos mentales sobre aquella desconocida suma que tanto le pesaba. «Mucho debe de ser, pero mucho —calculaba—; porque en tal tiempo eché un dobloncito de cuatro, y en cual tiempo otro. Y cuando tomé la medicina aquella que sabÃa tan mal, me dio mi tÃa dos duritos, y cada vez que habÃa que tomar purga un durito o medio durito. Lo que es en monedas de a cinco, puede que pasen de quince».