La Batalla de los Arapiles
La Batalla de los Arapiles Entre tanto D. Carlos España desembuchaba su discurso delante del lord, y luego que concluyera, presentose el dómine con el amenazador proyecto de hablar también. Consintiolo el general, que como persona finísima disimulaba su cansancio, y oyendo las pedanterías del orador, movía la cabeza, acompañando sus gestos de la especial sonrisa inglesa, que hace creer en la existencia de algún cordón [3] intermandibular, del cual tiran para plegar la boca como si fuera una cortina.
—Mi comandante —me dijo con cara de júbilo mi asistente cuando me aparté de los generales para ocuparme del alojamiento—, ¿no ha visto usía el otro ejército que viene detrás?
—Serán los portugueses.
—¡Qué portugueses ni qué garambainas! Son mujeres, un ejército de mujeres. Esto se llama darse buena vida. Los ingleses, en vez de impedimenta llevan la faldamenta. Así da gusto de hacer la guerra.