Memorias de un cortesano de 1815
Memorias de un cortesano de 1815 —¡Calaveradas! —balbució el duque—. Y usted, Sr. Collado, ¿aboga por Gasparito?
—Sí señor —repuso el ayuda de cámara—. Tengo empeño en ello, y creo que no me será difícil…
—Si es Vd. omnipotente…
Collado se levantó.
—Repito mi proposición —le dijo el duque, agarrándole por la solapa de la librea—. Doy dos bandoleras.
—No.
—Tres.
—No… he dicho que no.
—¿Pero se va Vd.?
De repente callaron ambos, porque se abrió la puerta, y apareciendo en ella un lacayo, gritó:
—¡Sr. Collado, la campanilla!
Chamorro corrió fuera de la habitación con la rapidez de un gato.
—Ha llamado —dijo el duque sentándose—. Sr. de Pipaón hablemos.