Memorias de un cortesano de 1815

Memorias de un cortesano de 1815

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Puesto que he venido aquí a hablar a usted con franqueza —dijo interrumpiéndome— no le ocultaré que Gasparito no me interesa ya gran cosa.

—¡Oh, confesión admirable! —exclamé con gozo—. Mire Vd… me lo figuraba. Si no podía ser de otra manera. Si esos ojos fueran nacidos para mirar a Gasparito, merecerían cegar. Digan lo que quieran, no se hizo el sol para los insectos.

—Yo no sé lo que ha pasado en mí —prosiguió—, pero de la mañana a la noche se me ha concluido la afición que a Gasparito tenía. Esto parece raro, pero no lo es, porque a muchas ha ocurrido lo mismo.

—Es que algunas chiquillas toman por amor lo que no lo es; y cuando viene la pasión verdadera, se asombran de haber derramado aquellas primeras frías lagrimitas por un objeto indigno.

—Yo creí estar apasionada de Gaspar ¡cosas de chiquillas! Cuando una juega con sus muñecas cree amarlas mucho, y después se ríe de ellas.

—¡Admirable idea!… Gasparito es una muñeca, y para Vd. acabó de repente la época de los juegos.

—Confieso que en un tiempo le quise…

—¡Ah, en un tiempo!… Luego…

—Gaspar es un muchachuelo vulgar, un joven adocenado —dijo expresándose con cierto desdén—. ¡Parece mentira que yo le amara!… ¡Qué grande error!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker