Misericordia

Misericordia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pero si a la señora no le ingresa nada.

—¡Caramelos! —exclamó Trujillo dando una palmada sobre el libro—. Algo habrá, porque su poco de consumo hacen ustedes, y para ese consumo alguna cantidad, corta o larga, chica o grande, han de tener. Y lo que usted saca de las limosnas, ¿por qué no ha de anotarse? Vamos a ver, ¿por qué no ha de anotarse?

Benina le miró entre colérica y compadecida. Pero más pudo la ira que la lástima, y hubo un momento, un segundo no más, en que le faltó poco para coger el libro y estampárselo en la cabeza al Sr. D. Carlos. Conteniendo su furor, y para que el monomaníaco de la contabilidad no se lo conociera, le dijo con forzada sonrisa: «De modo que el señor apunta las perras que nos da a los pobres de San Sebastián».

—Día por día —replicó el anciano con orgullo, moviendo más la cabeza—. Y puedo decirle a usted, si quiere saberlo, lo que he dado en tres meses, en seis, en un año.

—No, no se moleste, señor —indicó Benina, sintiendo otra vez ganas de darle un papirotazo—. Llevaré el libro, si usted quiere. La señora se lo agradece mucho, y yo también. Pero no tenemos pluma ni lápiz para un remedio.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker