Misericordia
Misericordia Siempre fue Benina algo supersticiosa, y solía dar crédito a cuantas historias sobrenaturales oía contar; además, la miseria despertaba en ella el respeto de las cosas inverosímiles y maravillosas, y aunque no había visto ningún milagro, esperaba verlo el mejor día. Un poco de superstición, un mucho de ansia de fenómenos estupendos y nunca vistos, y otro tanto de curiosidad, la impulsaron a pedir al marroquí explicaciones concretas de su ciencia o arte de magia, pues esto había de ser seguramente. Díjole el ciego que todo consistía en saber el arte y modo de pedir lo que se quisiera a un ser llamado Samdai.
—¿Y quién es ese caballero?
—El Rey de baixo terra.
—¿Cómo? ¿Un Rey que está debajo de la tierra? Pues el diablo será.
—Diablo no: Rey bunito.
—¿Eso es cosa de tu religión? ¿Tú qué religión tienes?
—Ser eibrío.
—Vaya por Dios —dijo Benina, que no había entendido el término—. ¿Y a ese Rey le llamas tú, y viene?
—Y dar ti tuda que pedir él.
—¿Me da todo lo que le pida?
—Siguro.