Misericordia
Misericordia —Todo Madrid lo repite… De aquí, de estos salones salió la indigna especie. Me acusan de un infame delito: de haber puesto mis ojos en un ángel, de blancas alas célicas, de pureza inmaculada. Sepan que yo respeto a los ángeles: si Nina fuese criatura mortal, no la habría respetado, porque soy hombre… yo he catado rubias y morenas, casadas, viudas y doncellas, españolas y parisienses, y ninguna me ha resistido, porque me lo merezco… belleza permanente que soy… Pero yo no he seducido ángeles, ni los seduciré… Sépalo usted, Frasquita; sépalo, Obdulia… la Nina no es de este mundo… la Nina pertenece al cielo… Vestida de pobre ha pedido limosna para mantenerlas a ustedes y a mí… y a la mujer que eso hace, yo no la seduzco, yo no puedo seducirla, yo no puedo enamorarla… Mi hermosura es humana, y la de ella divina; mi rostro espléndido es de carne mortal, y el de ella de celeste luz… No, no, no la he seducido, no ha sido mía, es de Dios… Y a usted se lo digo, Curra Juárez, de Ronda; a usted, que ahora no puede moverse, de lo que le pesa en el cuerpo la ingratitud… Yo, porque soy agradecido, soy de pluma, y vuelo… ya lo ve… Usted, por ser ingrata, es de plomo, y se aplasta contra el suelo… ya lo ve…